La rápida expansión de los sistemas de IA implica un elevado coste ambiental. La demanda eléctrica de los centros de datos alcanza actualmente los 60 TWh anuales, una cantidad equivalente al consumo de toda la red ferroviaria europea durante un año y que, según datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), podría duplicarse en 2030. Por otro lado, muchas infraestructuras de cálculo recurren a sistemas de refrigeración que consumen grandes cantidades de agua; en los centros de datos de mayor tamaño, esto puede suponer millones de litros diarios.
Fuente: gráfico elaborado por DITRENDIA a partir de datos de Statista Market Insights.
Conscientes de la necesidad de medir y controlar el consumo energético, el uso de agua y la huella de carbono en todo el ciclo de vida de los modelos y algoritmos de IA, la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial ha impulsado la norma UNE 0086, en el marco del Programa Nacional de Algoritmos Verdes (PNAV).
Su desarrollo ha sido posible gracias al trabajo de un grupo técnico especializado formado por más de 40 expertos, entre investigadores centrados en algoritmos verdes, empresas privadas y organismos de certificación, que han aportado distintas perspectivas para garantizar una metodología de evaluación rigurosa y fiable.
La Especificación UNE 0086:2025 ha sido elaborada para abordar la evaluación del impacto medioambiental de los sistemas de Inteligencia Artificial. Define métodos y directrices para medir el consumo energético, la huella de carbono, el consumo de agua y el rendimiento, tanto a nivel de hardware como de bibliotecas y marcos de trabajo empleados en el desarrollo y uso de sistemas de IA.
La especificación también contempla las particularidades de los centros de procesamiento de datos que soportan este tipo de operaciones y, especialmente, las relacionadas con su ejecución en entornos en la nube. Su objetivo es proporcionar un marco coherente y fiable para la medición y optimización de estos parámetros, facilitando la comparación y la mejora continua del equilibrio entre rendimiento operativo y sostenibilidad ambiental.
La norma está orientada a sistemas directamente relacionados con tareas de IA, especialmente modelos de aprendizaje automático y aprendizaje profundo —incluyendo IA generativa, LLM, redes neuronales y tecnologías similares—, por ser los que generan un mayor impacto ambiental, así como a la gestión de recursos energéticos asociados a estos entornos.
Esta iniciativa se enmarca en la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2024 y responde al compromiso del Gobierno de España con una IA ética, transparente y sostenible. Además, supone un paso relevante hacia la futura estandarización europea, alineándose con el Código de buenas prácticas para modelos de IA de uso general, publicado por la Comisión Europea en agosto de 2025.
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